Reflexiones sobre la Teología de Martín Lutero

Sobre la teología de los reformadores:
Unas Reflexiones

Se suele resumir el aporte teológico de la Reforma en tres puntos: (1) la justificación por la gracia mediante la fe (sola gratia, sola fide), (2) la sola autoridad normativa y definitiva de las Sagradas Escrituras (sola scriptura, tota scriptura), y (3) el sacerdocio universal de todos los creyentes. Pero, casi siempre, se olvidan otros dos, que son cruciales: (4) la libertad cristiana y (5) “la iglesia reformada siempre reformándose” (ecclesia reformata semper reformanda). Es especialmente sorprendente y lamentable que los evangélicos hoy hacen caso omiso del tema de la libertad cristiana. De hecho, dicho tema es, sin lugar a dudas, central en todo el movimiento de la Reforma. La Reforma fue, en su sentido más profundo, un proceso liberador en todas sus dimensiones.

En este énfasis marcado sobre la libertad cristiana, Lutero siguió de cerca a su gran precursor evangélico, nada menos que el Apóstol Pablo, quien constantemente vinculaba la justificación por la fe con la libertad cristiana. Cuando los gálatas se echaron atrás al legalismo judaizante, San Pablo los acusó de haber negado el evangelio: “De Cristo se han desligado, los que por la ley se justifican; de la gracia han caído” (Gál 5.4), y eso, no porque hubiesen caído en alguna inmoralidad ni hubieran negado alguna doctrina ortodoxa, sino porque habían vuelto a insistir en la circuncisión y el legalismo como condiciones para ser aceptado ante Dios. Bajo tales legalismos, les dice San Pablo, “para nada les aprovecha Cristo” (Gál 5.2), porque “para libertad han sido llamados” (Gál 5.11). Por lo tanto, les exhorta, “estén firmes en la libertad con que Cristo los ha liberado” (Gál
5.1).

Al inicio de la misma epístola, Pablo escribe a estos creyentes en Galacia en términos parecidos: “Me asombro que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio” (Gál 1:5). En seguida, aclara que de hecho “no hay otro evangelio”, y advierte que si alguien pretendiera predicarles otro evangelio, “qué caiga bajo maldición” (1:8). Ser evangélico, según San Pablo, es vivir desde la gracia de Dios que nos hace libres. No se puede ser evangélico y legalista a la vez.

A Martín Lutero le gustaba señalar que su apellido venía de una palabra griega (eleútheros) que significa “libre, independiente, no ligado”; a veces se llamaba “Lutero el Libre”. Uno de sus primeros escritos, en el año 1520, se tituló “Sobre la libertad del cristiano”. Tan convencido estaba Lutero de que no podría haber libertad bajo la condición de pecado, como convencido estaba también de que el evangelio nos hace verdaderamente libres. Evangelio significa libertad; evangelio y servidumbre (dominación, autoritarismo) se excluyen mutuamente.

En los párrafos siguientes intentaremos demostar que cada una de las grandes afirmaciones de la Reforma, es una afirmación de la libertad cristiana. Sin la libertad cristiana, las demás verdades reformadas no se pueden entender en su sentido pleno.

(1) La sola gratia nos libera del legalismo:

Cuando Lutero descubrió la justificación por la pura gracia de Dios, dijo que se le abrieron las puertas del paraíso, porque la sola gratia le liberó del terror ante un Dios iracundo y vengativo. La doctrina de la justificacion por la gracia significó para Lutero su liberación del dominio de la ley y de las obras. Para él, personalmente, la revelación de “la gloriosa libertad de los hijos e hijas de Dios” (Rom. 8.21) fue la respuesta a su angustiosa búsqueda de paz y salvación. Significó liberación de las demandas de la ley. Ya que nuestra justificación es “por la gracia mediante la fe”, podemos confiar firmemente en la Palabra de Dios que nos asegura que el Señor nos ha aceptado. A la vez, para Lutero, la fe es muchísimo más que mero asentimiento teórico. “La fe es algo inquieto y activo”, decía Lutero; es “la fe que obra por el amor” (Gal. 5.6, cf. 6.9s).

Para Lutero, esta “libertad del evangelio” estaba por encima de toda autoridad y de todas las leyes humanas. El sistema papal le parecía una intolerable contradicción a esta libertad evangélica; el papa, escribió, había dejado “de ser un obispo, para convertirse en un dictador” (S. S. Wolin, Política y Perspectiva, p.158). Era imperativo restaurar “nuestra noble libertad cristiana”, pues “se debe permitir que cada persona escoja libremente…” (ibid, pp. 156,158).

Desde el tiempo de los fariseos, la mentalidad legalista, basada en la autosuficiencia de los méritos propios, siempre tiende a producir dos extremos: o el fariseo o el publicano. El fariseo está segurísimo de su propia justicia, con base en obras de moralismo externo, pero de hecho no es ni justo ni realmente libre. El publicano, en cambio, se desespera por su falta de mérito y su insuperable fracaso en lograr su propia vindicación. Pero ninguno de los dos puede hacer el bien libremente, puesto que la realizan sólo como medio para alcanzar su propia auto-justificación.

El mensaje evangélico rompe este círculo vicioso. Dios en su gracia divina recibe al injusto y lo justifica, “no por obras, sino para buenas obras” (Ef. 2:8-10). La gracia (járis) de Dios despierta nuestra gratitud
(eujaristía) y nos transforma en personas nuevas que buscamos hacer la voluntad de Aquel que nos ha redimido. De esa manera, la gracia de Dios nos libera tanto del legalismo y moralismo (heteronomía moralista) como del fideismo y de la “gracia barata” de una fe puramente formal y verbal. La gracia nos hace libres para hacer el bien, no para lograr una justificación propia ante Dios, sino para agradecer y glorificar a Aquel que nos justificó por fe.

(2) La sola scriptura nos libera del autoritarismo dogmático:

La misma paradoja liberadora aparece en la afirmación de la sola autoridad normativa de la Palabra de Dios. El principio de sola scriptura relativiza, necesariamente, toda tradición y toda autoridad humana, aun las eclesiásticas. Ninguna autoridad humana puede imponerse sobre la conciencia del creyente, si no puede fundamentarse en las escrituras. Lo expresó Lutero elocuentemente en su defensa ante el Dieta de Worms (1521):

Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. Si no se me demuestra por
las Escrituras y por razones claras (no acepto la autoridad de papas y
concilios, pues se contradicen), no puedo ni quiero retractar nada, porque
ir contra la conciencia es tan peligroso como errado. Que Dios me ayude.
Amén.

Años después Lutero dijo, “Soy teólogo cristiano. Quiero creer libremente y no ser esclavo de la autoridad de nadie. Confesaré con confianza lo que me parece cierto”. Sobre su monumento en Worms están escritas estas palabras: “los que conocen verdaderamente a Cristo no pueden nunca quedar esclavos de ninguna autoridad humana”. “La Palabra de Dios”, escribió Lutero, “que enseña la libertad plena, no debe ser limitada” (Wolin , ibid., p.155).

¡¡Qué palabras de libertad teológica!! Su total sumisión a la Palabra de Dios le hacía libre frente a dogmatismos, magisterios, concilios y papas. En la medida en que seamos realmente bíblicos, en esa misma medida seremos libres para “examinarlo todo” a la luz de las Escrituras y de las evidencias, hoy no menos que en los tiempos de Lutero.

Martín Lutero insistía terca y vehementemente en la única, exclusiva e incondicional autoridad de la Palabra de Dios, cuidadosa y evangélicamente interpretada. Sólo el evangelio y las Escrituras pueden tener autoridad sobre la conciencia del creyente. Por las Escrituras y por la gracia redentora de Dios, somos libres de cualquier otra autoridad que pretendiera imponerse sobre nuestra conciencia.

Estudiosos de la Reforma han llamado esto “el principio protestante”: sólo Dios mismo es absoluto, sólo su Palabra divina puede ostentar autoridad final. Cualquier otro absoluto no es Dios, sino un ídolo. Por lo mismo, sólo las Escrituras, fiel y cuidadosamente interpretadas en la comunidad creyente, pueden fundamentar artículos de fe. Ni el papa ni los concilios, ni las tradiciones ni los pastores ni los profesores de teología, pueden imponer sus criterios con autoridad obligatoria.

Sin embargo, a menudo pasa lo contrario (no sólo con los Testigos de Jehová sino con muchos que se llaman “bíblicos” y “evangélicos”): se levantan también en nuestro medio pequeños “papas protestantes” con su “Santo Oficio” que pretenden imponer sus tradicionalismos y dogmatismos y condenar (sin pruebas bíblicas de la más mínima seriedad) a todo aquel que no esté de acuerdo con los prejuicios de ellos. Sin darse cuenta, vuelven al autoritarismo dogmático contra el cual Lutero se había levantado, como los judeocristianos de Galacia también habían vuelto al legalismo anti-evangélico y anti-bíblico. Pero ser bíblico es ser mentalmente libre, abierto y crítico. No se puede ser bíblico y seguir siendo cerrado y dogmático.

!Qué libertad la de Lutero, ante toda autoridad, tradición, opinión y criterio humanos! ¿Y por qué? ¿Cómo se atrevía Lutero a reclamar tan osada libertad para su propia conciencia? Aunque su postura pareciera arrogante y anárquica, la fuerza de su libertad evangélica fue algo totalmente distinta: “Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios.”

Para Lutero, la obediencia evangélica a Dios y a su Santa Palabra tienen como corolario la liberación evangélica de toda autoridad, tradición o heteronomía que pretendieran ser absolutas (idolátricas) frente a la exclusiva autoridad normativa de la Palabra viva de Dios. Lutero explicó esto con elocuencia en su tratado de 1520, “sobre la libertad del Cristiano”: porque el cristiano está sometido incondicionalmente a la Palabra liberadora del Evangelio, “el cristiano es el más libre de todos los seres humanos” (cf. Rom. 6:16-18).

Bien lo expresa el himno, “Cautívame Señor, y libre en tí seré.” Eso se aplica también a nuestro pensamiento y a nuestras actitudes: cuando nuestra conciencia es cuativa de la Palabra de Dios y del glorioso evangelio, no podrá ser nunca cautiva de tradiciones humanas ni de autoridades humanas que pretendieran colocarse al nivel de, o incluso por encima de, la Palabra de Dios. Sola scriptura, sola gratia, sola fide: ¡mensaje de auténtica libertad evangélica para la conciencia de todos los cristianos hoy también!

(3) El sacerdocio de todos los fieles nos libera del clericalismo:

En tercer lugar, la afirmación reformada del sacerdocio universal de todos los fieles (1 Pedro 2:9; Apoc 1:6; 5:10) impulsa, lógicamente, un proceso de progresiva democratización dentro de la Iglesia, y por consiguiente dentro del mundo moderno. Para Lutero, todo cristiano es un sacerdote y un ministro de Dios, y toda la vida, todo empleo y oficio, son vocación divina dentro del mundo. “Una lechera puede ordeñar las vacas para la gloria de Dios”, decía Lutero. En un pasaje aun más atrevido, afirma que “Todos los cristianos son sacerdotes, y todas las mujeres sacerdotisas, jóvenes o viejos, señores o siervos, mujeres o doncellas, letrados o laicos, sin diferencia alguna” (W.A. 6,370; R. García-Villoslada, Martín Lutero, Tomo. I, p.467).

Es cierto que los Reformadores no llevaron este principio hasta sus últimas consecuencias. Conservaron mucho del clericalismo heredado de largos siglos de tradición eclesiástica. Sin embargo, algunos, conocidos como Anabautistas de la “Reforma Radical”, llevaron el principio del sacerdocio universal un buen paso adelante. Hoy día, tanto en círculos católicos como protestantes, se reconocen los carismas de todos los fieles y se cuestiona constantemente el clericalismo y el autoritarismo que, lamentablemente, han prevalecido en la iglesia protestante como también en la católica.

El paso de la Edad Media al mundo moderno significó un cuestionamiento radical del autoritarismo medieval e impulsó la evolución de una serie de libertades humanas que hoy día damos por sentadas. En ese proceso, Martín Lutero desempeñó un papel decisivo. Su mensaje de gracia evangélica nos libera del legalismo (autoritarismo ético). Su insistencia en la autoridad bíblica, interpretada crítica y científicamente, nos libera del tradicionalismo (autoritarismo doctrinal). Su enseñanza del sacerdocio universal de todos los fieles comenzó a liberarnos del clericalismo (autoritarismo eclesiástico).

Lutero lanzó una cruzada tenaz contra las estructuras autoritarias de la iglesia medieval: “Todas y cada una de las prácticas de la Iglesia”, escribió en 1520, “son estorbadas, y enredadas, y amenazadas por las pestilentes, ignorantes e irreligiosas ordenanzas artificiales. No hay esperanza de cura, a menos que todas las leyes hechas por el hombre, cualquiera que sea su duración, sean derogadas para siempre. Cuando hayamos recobrado la libertad del Evangelio, debemos juzgar y gobernar de acuerdo con él en todos los aspectos” (Woolf I, p.303, en Wolin p.156). Al denunciar la tiranía del Vaticano, Lutero exigió a la iglesia”restaurar nuestra noble libertad cristiana” (Wolin p.158) también en las iglesias evangélicas.

4) “La iglesia reformada siempre reformándose” nos libera del tradicionalismo estático:

Otra consigna de la Reforma, cuya importancia no puede ser exagerada, rezaba ecclesia reformata semper reformanda (“iglesia reformada siempre reformándose”). Es impresionante que los reformadores hayan tenido la humildad y la flexibilidad de ver su movimiento como inconcluso, con necesidad de continua revisión. Sabían que su encuentro con la Palabra de Dios había introducido en la historia nuevas fuerzas de transformación, pero (a lo menos en sus mejores momentos) no tenían ilusiones de haber concluído la tarea. Su gran mérito histórico fue el de haber hecho un buen comienzo, muy dinámico, y precisamente de no pretender haber dicho la última palabra per saecula saeculorum.

Hay un fenómeno típico en los movimientos históricos, que consiste en que después de comenzar con la espontánea creatividad de una búsqueda dinámica, poco a poco se van institucionalizando hasta perder casi totalmente la flexibilidad de sus inicios y su original capacidad de sorprender. En muchos casos, este proceso termina en un estado senil de arterioesclerosis institucional.

De hecho, esto es lo que pasó en gran parte con la Reforma protestante. Sus sucesores redujeron los explosivos descubrimientos de los fundadores (especialmente la “teología irregular” de Lutero mismo) en un nuevo escolasticismo ortodoxo, sea de cuño luterano o calvinista. El proceso dinámico de los inicios se petrificó en el sistema rígido y cerrado. Siglos después el fundamentalismo norteamericano resucitó a ese escolasticismo protestante en una nueva reencarnación histórica.

Los reformadores anticiparon este peligro, e implantaron en su teología defensas contra esa excesiva institucionalización y sistematización. En parte por factores adversos del siglo XVII, sobre todo el surgimiento del racionalismo escéptico, los sucesores de ellos buscaron una falsa seguridad en la “fortaleza teológica” de su ortodoxia inflexible. Contra eso, los ataques de pensadores como Lessing fueron devastadores. En el siglo XX,
volvió a surgir con gran dinámica el principio de ecclesia reformata semper reformanda.

En ningún momento todas estas libertades deben significar libertinaje, ni en doctrina ni en conducta; eso sería el extremo opuesto del legalismo. Como lo ha expresado el teólogo francés Claude Geffre, necesitamos dogma (doctrina) pero sin dogmatismo, tradición pero sin tradicionalismo, y autoridad sin autoritarismo (La iglesia ante el riesgo de la interpretación,1983, p.69) y, podemos agregar, insitituciones sin institucionalismo.

¿Qué nos dicen hoy estos postulados fundamentales de la Reforma? (1) Nos desafían a redescubrir constantemente el significado de las Buenas Nuevas y la fuerza de la libertad evangélica, tan caras para los reformadores. (2) Nos llaman al contínuo trabajo de exégesis bíblica, seria, científica, crítica y evangélica, individual y corporativa: sólo en la cuidadosísima interpretación de la Palabra de Dios se hallará la libertad evangélica del Pueblo de Dios y de la teología. (3) Nos llaman a un profundo respeto hacia los demás hermanos y hermanas, al buscar juntos la voluntad del Señor en esa obediencia a la Palabra que es también una sana libertad ante toda palabra humana. En las muy sabias palabras de un antiguo refrán de la Iglesia, “En lo esencial (lo bíblico y evangélico), unidad; en lo no-esencial (opiniones, tradiciones, costumbres), libertad; en todo, caridad”.

Juan Stam

Bibliografía

García-Villoslada, Ricardo, Martín Lutero, Vol I:El fraile hambriento de Dios (Madrid: BAC, 1973).

Geffré, Claude, El cristianismo ante el riesgo de la interpretación (Madrid Cristiandad, 1984).

Wolin, Sheldon S, Política y Perspectiva (Bs.As.: Amorrortu, 1960).

Reproducido con permiso

¿Es bíblica la teología de la Prosperidad?

¿Es bíblica la teología de la prosperidad?

(Unos comentarios, con ejemplos)

    Aunque la teología de la prosperidad ha tomado un auge fenomenal, especialmente en los medios televisivos y algunas megaiglesias, su interpretación bíblica ha sido muy puntual, sin formular sistemáticamente sus principios hermenéuticos, sus bases exegéticas ni su enfoque teológico. Tampoco han aparecido muchos análisis críticos de dicho movimiento. Este ensayo no será más que un primer paso en ese proceso tan urgente y necesario.

Algunos principios hermenéuticos: Una regla fundamental de la fiel interpretación bíblica es la de buscar el significado original del mensaje, o sea, lo que el autor inspirado quiso comunicar y lo que los primeros receptores hubieran entendido. Desde ese mensaje en su contexto antiguo, y sólo desde ese mensaje, podemos proceder a buscar el mensaje para hoy. Eso se llama “pensar bíblicamente”, pensar “junto con” los autores y lectores antiguos. Es una falacia trasladar el texto directamente a nuestro contexto moderno. Ahí comienza el problema con los predicadores de la prosperidad: interpretan “prosperidad” en su sentido moderno económico, sin relación a su significado original. Los he escuchado también interpretar la palabra “ruina” sólo como la bancarrota o el desempleo. Cualquier estudio de los temas prosperidad, riqueza y pobreza en el pensamiento bíblico puede demostrar cuán alejados andan del pensamiento bíblico, cuando para ellos “prosperidad” significa sólo tener casa lujosa, empresa privada exitosa o un carro del último modelo.

    Aquí es necesario reconocer una característica del pensamiento antiguo muy diferente a nuestra manera moderna de pensar. Ellos solían expresar un principio general, sin explicitar las posibles excepciones pero dándolas por sentadas. Es muy claro el caso de la profecía que Dios dio a Jonás: “De aquí a cuarenta días Nínive será destruida” (Jon 3:4), así de categórico, sin condiciones ni excepciones. Pero Nínive se arrepintió y no fue destruida, muy al disgusto de Jonás mismo. Parecido pasa con el sexto mandamiento, “no matarás”, que parece ser incondicional y sin excepciones, pero en otros pasajes Dios mismo manda la pena capital (Ex 9:6) y, muchas veces, manda la guerra (cf. Stam, “La Biblia y la violencia”). Para un caso del Nuevo Testamento, “el que creyere y fuere bautizado será salvo” (Mr 16:16); sin embargo, el malhechor penitente fue salvo sin ser bautizado. Por eso, cuando el primer salmo declara que “todo lo que hace, prosperará”, afirma una verdad básica pero presupone la posibilidad de excepciones. No garantiza que mi empresa tendrá éxito ni que mis inversiones en la bolsa no pierdan valor. Veremos más adelante lo peligroso de absolutizar algunas declaraciones bíblicas sin tomar en cuenta la posibilidad de excepciones.

    Para ser bíblica y fiel, una teología debe afirmar “todo el consejo de Dios” (Hech 20:20,27) y no basarse en algunos versículos aislados sin tomar en cuenta otras evidencias bíblicas. Muchas herejías nacen por tomar una verdad bíblica unilateralmente y exagerarla fuera de proporción. Los Testigos de Jehová toman la enseñanza bíblica que Dios es uno para negar la verdad correspondiente de la triple distinción personal dentro de la deidad (la trinidad). Una de las primeras herejías en la historia cristiana, que 1 Juan 4:3 llama “el espíritu del Anticristo”, consistía en afirmar unilateralmente la deidad de Jesucristo, negando su plena humanidad. La sana doctrina respeta la diversidad de la enseñanza bíblica en muchos de sus temas.

El enfoque bíblico sobre la riqueza y la pobreza: Una consideración de toda la enseñanza bíblica sobre la riqueza y la pobreza deja muy claro que un evangelio “prosperidad-céntrico” es un evangelio excéntrico y falso (ver nuestro blog “Algunos evangelios que no son”, 7.9.07). Aunque hay versículos aislados sobre la prosperidad material, ese tema está lejos de ser el enfoque central bíblico sobre este tema. El gran énfasis bíblico no cae en la acumulación egoísta de bienes sino en la solidaridad con los necesitados (ver “El Año de Jubileo” I-III, 12.18.07; 4.8.08; 3.18.09). Si Dios nos bendice, es para bendecir a otros, a manos llenas (Gén 12:2-3; cf Dt 15:10,13-14). La Biblia reconoce la existencia de la pobreza, no sólo ni primordialmente como consecuencia de pecados ni de falta de fe, sino como un llamado a la solidaridad. Dios mismo se declara el Dios de los pobres, las viudas, los huérfanos y los forasteros. Uno de los grandes problemas del pensamiento bíblico es la prosperidad de los malos y la pobreza de los justos (Jer 12:1; Lam 1:1; cf Salmo 37:7; 73:3). La riqueza no es siempre premio de la fe y la santidad, ni la pobreza es siempre resultado de pecado o falta de fe.

    La teología de la prosperidad debe tomar más en serio las palabras tajantes de Jesús, “Bienaventurados vosotros los pobres… Mas ¡Ay de vosotros, ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo” (Lucas 6:20,24; incluso los que se enriquecen con la teología de la prosperidad). Cristo reconoció a menudo lo difícil que era para un rico entrar al reino de Dios: Mt 13:32 (Mr 4:19; Luc 8:14), Mt 19:23-24 (Mr 10:23-24; Lc 18:24); compárense también Lc 1:53; 16:19-21; 18:23-25.

    Cuando Cristo quiso actualizar para su época la radical disyuntiva de Elías (1 Reyes 18:21, o Baal o Jehová pero no los dos), él escogió precisamente la avaricia como la idolatría más típica del ser humano: “Ninguno puede servir a dos señores… No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mt 6:24; Lc 16:13). En el mismo sentido, San Pablo denuncia “la avaricia, que es idolatría” (Col 3:5). Jesús se hizo pobre para hacernos ricos y dispuestos a ayudar a los necesitados (2 Cor 8-9; ver el blog “La prosperidad”, en esta página web). Todos estos textos bíblicos no deben neutralizarse por racionalizaciones atenuantes.

    Los profetas del Antiguo Testamento atribuyeron la pobreza no al pecado del pobre ni su falta de fe sino a la injusticia de la sociedad. Al decir “siempre tendréis pobres con vosotros” (Mt 26:11; Mr 14:7; Jn 12:8), Jesús ni aprueba la pobreza ni culpa a los pobres. Está citando a Deut 15:11, que llama a los fieles a la constante solidaridad generosa con los necesitados  El mensaje central de la Biblia no es, ¡jamás!, cómo llegar algunos a ser ricos en medio de la miseria de otros, sino como actuar personal y socialmente para que todos vivan dignamente.

Algunos ejemplos de la interpretación bíblica en esta teología: Una prueba decisiva de la validez de cualquier orientación teológica es su capacidad de inspirar interpretaciones fieles y edificantes de la palabra de Dios. Según todas las normas de sana interpretación, la teología de la prosperidad sale muy mal ante este criterio. Como enfoque hermenéutico, esta teología se ha mostrado muy fecunda y productiva… ¡de pésimas interpretaciones bíblicas!  Veamos algunas pocas de ellas:

(1) Fundamental a la teología de la prosperidad es “la ley de la siembra y la cosecha”. Un predicador en Enlace, dejando caer su Biblia sobre el púlpito, comparó la ley de la siembra con la de la gravitación. Tal “ley” no tiene base en el sentido del texto. En primer lugar, 2 Cor 9:10 no plantea una ley sino una analogía agrícola de un principio muy general, que tiene muchas excepciones en la agricultura (cuando falla la cosecha). En segundo lugar, esta interpretación impone sobre el texto un concepto moderno de “ley” totalmente ajeno a la mentalidad antigua. En tercer lugar, el texto no tiene nada que ver con diezmos ni tampoco con una especie de regateo con Dios. En cuarto lugar, Pablo no está pidiendo dinero para sí mismo ni para la iglesia sino para los pobres de Jerusalén. Y en quinto lugar, todo el pasaje se inspira en el ejemplo de Jesús que se hizo pobre para enriquecer a otros (2 Cor 8.9).

    De esta ficticia “ley” se sacan conclusiones como que “si no hay semilla, no hay milagro” o que “hay que amarrar la visión con una ofrenda”. ¿Donde enseña la Biblia que nuestras ofrendas “amarran” algo? Todo este juego hermenéutico es una orgía de especulación.

(2) El irrespeto al texto bíblico se reveló recientemente (Enlace, 7 agosto 2009) cuando se presentó como traducción de Mt 19:21 (Mr 10:21; Lc 18:22) “Vende lo que te sobra”. Mateo dice “vende lo que tienes”, no “lo que te sobra”, y Marcos y Lucas lo amplían en “vende todo lo que tienes”. ¡Qué manera de acomodar el texto a nuestros intereses y preferencias! En esa hermenéutica, el texto tiene que significar lo que yo quiero que signifique.

(3) Los predicadores de la prosperidad suelen suponer, gratuitamente, que la interpretación de ellos es la única posible, de modo que no aceptar esa interpretación es no creer la Biblia: “Algunos dicen que la ofrenda no tiene nada que ver con el milagro. ¿No leen ellos la Biblia? Siempre el altar produce el milagro”. En un comentario sobre la frase “todas estas cosas os serán añadidas” (Mat 6:33; Lc 12:31), interpretada como una fórmula mecánica para la riqueza, sin excepciones, un predicador en Enlace se permitió decir, “si esto no se cumple, entonces Jesús mintió”. No tomó en cuenta la tendencia antigua de declarar algo sin mencionar las posibles excepciones. Entonces, en realidad su comentario significaba, “Una de dos: o mi interpretación literalista e incondicional es correcta, o Jesús está mintiendo”. Además, en todo este pasaje (Mat 6:24-34) Jesús condena el afán por las cosas materiales en vez de una tranquila confianza que el Señor proveerá todo lo necesario para una vida digna y honrosa. Es un pasaje muy incómodo para la teología de la prosperidad.

(4) Ante la actual crisis de Wall Street, algunos (Rony Chávez, Enlace, 11.15.08) han apelado al éxodo para inventar una teoría de “la transferencia de riqueza”. Según Chávez, textos como Ex 3:22 y 35:36 significan que “la riqueza que los mundanos han perdido en los casinos, cambiará de manos, porque es tiempo de transferencia”. ¡Cualquier teología capaz de producir tan mala exégesis, no es digna de ser creída!

(5) Frases bíblicas como “serás cabeza y no cola” o “Fui hecho para estar arriba”, fuera de contexto, fomentan ambiciones personales carnales. ¿Si estamos “arriba”, entonces, ¿encima de quién? ¿Quienes, en ese plan, deben estar “abajo”? Es cierto que somos hijos e hijas del Rey, pero el rico no es más “hijo” que el pobre, ni ser hijo de Dios significa necesariamente ser próspero materialmente.

(6) Contra toda la evidencia bíblica, estos predicadores pretenden probar que Jesús era acomodado económicamente. Un argumento favorito de ellos es que Jesús poseía una túnica sin costura, “de un solo tejido de arriba abajo” (Jn 19:23). La frase de Juan aquí no tiene la menor intención de indicar que Jesús era rico, sino que los soldados estaban cumpliendo la profecía de Sal 22:18. Raymond Brown, en su clásico comentario del cuarto evangelio (Tomo 2, p.902), señala que “un vestido de ese tipono era necesariamente un lujo, pues un artesano sin ninguna pericia especial podría fabricarlo”. Además, los evangelios hablan de algunas mujeres que seguían a Jesús para atenderlo; lo más probable es que alguien le regaló esa túnica. Jesús y sus discípulos vivían de los donativos de algunas personas, básicamente como transeúntes fuera del sistema económico de su tiempo.

    Abundan argumentos hasta estrafalarios para mostrar que Jesús no era pobre. Un defensor de esta teología ha argumentado que cuando bajaron al paralítico por el techo de una casa prestada, Jesús no se preocupó porque sabía que tenía recursos para reparar el techo. 

    ¡El ejemplo de Jesús es la refutación más contundente de la teología de la prosperidad!

(7) Otro índice de la fidelidad bíblica de una teología es la música que produce. Aun cuando se entiende la desesperación de personas muy pobres, el materialismo y el egoísmo de estos coros no es la respuesta:

“Tengo un Dios muy, muy grande,

     me da todo lo que le pido”

“traigo una ofrenda de guerra para

     deshacerme de ti” [Satanás]

“Que Dios te colme de bendiciones,

     Que te de plata, pero en montones”

La teología detrás de esos coros sólo puede considerarse herética. De bíblico no tiene ni la “b”.

¿Es evangélica la teología de la prosperidad? Eso depende de cómo uno define el evangelio. Por un lado, esta teología es una nueva versión del “evangelio de ofertas” o de lo que Dietrich Bonhoeffer llamó “gracia barata”. Ofrece prosperidad pero sin discipulado radical ni misión integral. Ofrece la “buena nueva” de una mejor condición económica, pero cuando no llega la prosperidad que se prometió y la semilla no da cosecha, esta teología resulta cruel, por la decepción que produce y el sentido de culpa por una supuesta falta de fe.

     Por otro lado, esta teología se basa en el legalismo más estrecho y limitado en la historia del cristianismo. La imperativa exigencia que impone es muy sencilla: el deber ineludible de ofrendar. En ese reduccionismo se parece al fundamentalismo de inicios del siglo XX, cuya ética se reducía a unas cinco prohibiciones. Esta teología, en cambio, casi no tiene prohibiciones sino un solo mandamiento. Es un reduccionismo monetario.

¿Es teología la teología de la prosperidad? Aunque se ha dado en llamar “la teología de la prosperidad”, este movimiento en realidad no tiene nada que se parezca a una teología. Una teología busca integrar el sentido de la fe ante la palabra de Dios y los desafíos de su época. Quizá por no tener pensadores capaces de emprender esa tarea, o por estar tan ocupados en el activismo de sus seminarios y campañas y programas de radio y televisión, no parecen haber pensado en la coherencia de su fe cristiana en torno al eje que ellos han escogido. No han podido reinterpretar y aclarar significativamente, desde el enfoque de la prosperidad, ni la doctrina de Dios, ni de Cristo, ni de la iglesia, ni de la escatología, ni de ningún otro tema. Tampoco han podido elaborar una hermenéutica sensata para defender sus interpretaciones. Lo único que han ofrecido es una ensalada de textos escogidos y un proyecto financiero. Si eso es teología, es más estéril que una mula.

Conclusión: Con dolor y pena por nuestra comunidad protestante, tenemos que reconocer que la “teología de la prosperidad” no es ni bíblica ni evangélica, ni aun es teología. A los que amamos a las escrituras y a la iglesia, esta realidad debe llamarnos a mucha y muy ferviente oración.

Juan Stam

 

 

Reproducido con permiso

Paz entre los Sexos

Paz entre los sexos

Doctrina de masculinidad y feminidad bíblica

¿Por qué creó Dios dos sexos?

Gen 1:27 “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó”

Gen 5:1-2 “El día que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo. Varón y hembra los creó; y los bendijo y los llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados”

Respuesta: la creación del hombre (Adán: significa literalmente hombre) es uno de los aspectos de nuestra creación a imagen de Dios, así que parte de la respuesta es para mostrar su imagen en nosotros.

¿Cómo nuestra creación como hombre y mujer representan nuestra creación a la imagen de Dios?

  1. A través de la armonía de las relaciones interpersonales.
  2. A través de la igualdad en personalidad e importancia.
  3. A través de la diferencia de sus roles y autoridad.

Armonía en las relaciones interpersonales.

Dios no creó a los seres humanos para que fueran personas aisladas, sino que al crearnos a su imagen, nos hizo de tal forma que podemos tener unidad interpersonal (así como El la tiene en su ser) de varias clases en todas las formas de la sociedad humana.

¿En qué forma de relación humana la unidad interpersonal llega a relacionarse en su máxima expresión con la trinidad?

La unidad interpersonal es especialmente profunda en la familia (humana y espiritual), pero llega a su expresión más plena en la relación entre el hombre y la mujer durante el matrimonio, donde el esposo y la esposa llegan a ser, en un sentido, dos personas en una (o una en dos). “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” Gen 2:24

¿Cuál es la trascendencia de la unión matrimonial?

No sólo es una unida física, sino también una unidad espiritual y emocional de profundas dimensiones.

-Las personas unidas en matrimonio son personas unidas por Dios (Mt 19:6)

-La unión sexual con una persona que no es su cónyuge es un pecado especialmente ofensivo para nuestro propio cuerpo. (1 Co 6:16, 18-20)

-Dentro del matrimonio los esposos ya no tienen dominio exclusivo sobre sus propios cuerpos (1 Co 7:4) y esta falta de dominio no deja espacio al egoísmo, ya que ninguno de los dos se pertenece a sí mismo, ninguno exige nada, pero a la vez cada uno lo da todo de sí.

-El esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. (Ef. 5:28)

-La unión entre los esposos es para toda la vida. (Mal 2:14-16; Ro 7:2)

-No es una relación trivial sino una relación profunda creada por Dios que representa las relaciones entre Cristo y la iglesia. (Ef 5:23-32).

Igualdad en personalidad e importancia

¿Cree usted que en la trinidad (en la persona de Dios) todos son igual de importantes?

En la biblia no se nos indica nada que demuestre lo contrario, de hecho siempre las personas de la trinidad hacen alusión la una a la otra, el padre habla de que su hijo es muy amado y que se complace en el, a la vez el Hijo hace mención del Padre y su gloria múltiples veces, y ambos hablan de la importancia del Espíritu Santo, este último no hace alusión  los dos anteriores por que no es un personaje que en la biblia hable sino que interviene de diferentes maneras.

¿Sabiendo que somos creados a imagen de Dios como debería reflejarse esto en nosotros?

Gen 1:27 “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó”  fuimos creados como iguales a la imagen de Dios, por tanto ambos reflejamos el carácter de Dios en la vida, y si somos creados como iguales ciertamente los hombres y las mujeres somos igualmente importantes y valiosos para Dios. Esto debería excluir todo sentimiento de orgullo o inferioridad y cualquier idea de que nuestro sexo es mejor o peor que el otro.

1 Co 11:11 “En el Señor, ni la mujer existe aparte del hombre ni el hombre aparte de la mujer. Por que así como la mujer procede del hombre, también el hombre nace de la mujer; pero todo proviene de Dios”

Hechos 2:17-18 “Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi espíritu sobre toda carne, y sus hijos e hijas profetizaran…. Y de cierto sobre mis siervos y siervas derramaré mi espíritu…” este versículo es un ejemplo de cómo Dios derrama su espíritu y por ende sus dones sobre ambos sexos por igual y sin distinción.

Ga 3:27-28 “Todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús”

Diferencia entre los roles y autoridad

Los miembros de la trinidad tienen diferencias en sus funciones y autoridad, aunque los tres son plenamente Dios e iguales en personalidad e importancia, además iguales en poder y  otros atributos, el Padre tiene una autoridad mayor ya que el hijo y el espíritu se le someten, ejemplo de esto es que en la creación, el Padre habla e inicia, pero la obra de la creación se lleva a cabo por medio del Hijo y sostenida por la presencia continua del Espíritu Santo (Gen 1:1-2; Jn 1:1-3; 1 Co 8:6)

¿Habiendo diferencias entre los miembros de la trinidad en función y autoridad no es lógico que este patrón se repita en nosotros?

Los seres humanos somos el reflejo del carácter de Dios así que si es lógico esperar esto “Ahora bien, quiero que entiendan que Cristo es cabeza de todo hombre, mientras que el hombre es cabeza de la mujer y Dios es la cabeza de Cristo”

El término cabeza implica una posición de autoridad, ahora esto no significa autoridad dictatorial, sino que todo lo que dice la biblia debe interpretarse a la luz de la biblia y no a la luz de lo que yo creo que significa ser cabeza, se menciona en este versículo que Cristo mismo es cabeza de nosotros, así que nuestro modelo de cabeza (liderazgo) es El y el lideró a través del servicio y del amor, se nos abre más el panorama al entender que en el griego original un significado secundario de este termino es fuente, dejándonos ver que el hombre es fuente de amor, de servicio, de cuidado, de seguridad económica, espiritual entre otras.

¿Cómo responde usted a la paradoja de igualdad y liderazgo pueden coexistir?

Paradojas parecidas en la biblia

  • La trinidad: como vimos las tres personas de la trinidad son iguales en valor, en personalidad, poder…etc., pero cada uno tiene roles diferentes, el padre no murió por pagar nuestros pecados, ni tampoco el Espíritu Santo. El padre no fue el que fue derramado sobre la iglesia en pentecostés, ni tampoco el hijo. Cristo se somete al Padre, y el Espíritu Santo a los dos. (Jn 10:30, Jn 8:29, Fil 2, Jn 16:13-14)
  • La iglesia: todos los cristianos (hijos de Dios) son iguales en valor pero tienen la responsabilidad de someterse a los líderes de la iglesia. (Heb 13:17)
  • La familia los hijos fueron creados a la imagen de Dios, y nadie niega que tienen igual valor, pero tienen la responsabilidad de someterse al liderazgo de sus padres (Ef 6:1-2)

Reafirmación bíblica de los roles

  • Adán fue creado primero y luego Eva: Dios creó primero a Adán y luego de cierto tiempo a Eva (Gen 2:7, 18-23), este patrón de creación sugiere que Dios ve a Adán con una función de liderazgo para la familia, no se menciona un patrón de creación así en dos etapas para ninguno de los animales que Dios creó, así que parece tener un propósito especial. La creación de Adán primero es coherente con el patrón de primogenitura del Antiguo Testamento, la idea del que nació primero en cada generación de familia tiene el liderazgo de familia para esa generación.
  • Eva fue hecha como ayuda idónea para Adán: “no es bueno que le hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada (idónea otra traducción)” (Gen 2:18), esto no debería tomarse jamás como que implica menor importancia, pero sí indica que había una diferencia de roles desde el principio, Dios le encomendó un trabajo al hombre en la tierra (Gen 1:28) enseñoréense de la tierra y sojúzguenla, dicen los eruditos bíblicos que en la creación estas palabras de (Gen 2:18) no es bueno que el hombre este sólo son muy pesadas, hasta el momento Dios había completado todas sus creaciones con la frase “y vio Dios que era bueno”, pero en este momento cae en el eco de la creación este NO ES BUENO, el hombre es incapaz en sí mismo de completar la misión que Dios le da, si la provisión de una compañera, una ayudadora una igual, esto señala la incompetencia de Adán para llevar la tarea sólo, la mujer fue hecha para suplir la deficiencia del hombre, está de más mencionar que el término ayuda es usado múltiple veces en la biblia para referirse a Dios mismo, si este término es usado para referirse a El podemos inferir que no es para nada denigrante.
  • Adán le puso nombre a Eva: “se llamará mujer por que del hombre fue sacada” (Gen2:23) según la línea de pensamiento del AT, el derecho de ponerle nombre a alguien indica autoridad sobre esa persona, eso no es algo muy diferente de lo que sucede actualmente con los hijos.
  • Dios le habló primero a Adán después de la caída: aunque Eva pecó primero, Dios se acercó primero a Adán y le llamó para explicara sus acciones “Pero Dios llamó al hombre y le dijo ¿Dónde estás?” (Gen 3:9) para Dios el era el líder de la familia, por tanto fue el primero en rendir cuentas, y fue el quién se toma por responsable del mismo “En Adán todos mueren” (1 Co 15:22), la posición de liderazgo implica también tomar responsabilidad por la familia y sus acciones.
  • Distorsión de funciones por el pecado: después de la caída se da una distorsión de las funciones ya existentes, en (Gn 3:16-19) Dios describe cual será la consecuencia del pecado del hombre.

¿Qué distorsión de los roles vemos en este texto?

-          Adán obtendría su alimento con dificultad, dolor y sudor.

-          El proceso de tener hijos sería sumamente doloroso para la mujer.

-          Aparición de conflicto y dolor entre las relaciones de Adán y Eva que antes eran armoniosas.

-          “desearas a tu marido, y el te dominará” (Gn 3:16), esta palabra desearás que viene del hebreo teshuqah significa desear para conquistar, y que indica de que Eva tendría un deseo ilegítimo de usurpar la autoridad de su esposo. En el caso de Adán el término el te dominará del hebreo mashal es un término fuerte que se usa en general para hablar del gobierno monárquico, teniendo matices de autoridad dictatorial, lo que nos dice este texto es que como consecuencia del pecado, Adán usaría mal (abusaría) de su autoridad al gobernar con severidad sobre su esposa.

¿Cómo cree usted que la obra redentora de Cristo afecta las distorsiones antes mencionadas?

-          Siendo cierto que la distorsión de funciones fue producto del pecado y la caída, lo que esperaríamos encontrar en el Nuevo Testamento es la anulación de los aspectos dolorosos de las relaciones que resultaron del pecado y de la maldición. Esperaríamos que la redención de Cristo animara a las esposas a no revelarse contra los esposos y animaría a los esposos a no utilizar su autoridad de forma inadecuada. En realidad eso es lo que encontramos “Esposas, sométanse a sus esposos, como conviene en el Señor. Esposos, amen a sus esposas y no sean duros con ellas” (Col 3:18-19, Ef 5:22-33, Tit 2:5, 1 P 3:1-7).

Conclusión

Al ir creciendo en la madurez en Cristo, crecemos en el deleite y en el regocijo de las diferencias sabiamente ordenadas y establecidas por Dios para las funciones dentro de la familia humana, cuando entendemos la enseñanza bíblica, los hombres y mujeres debieran ser capaces de decir en sus corazones “Esto es lo que Dios ha planeado y es bello y correcto, y me regocijo en la manera en que me ha creado y el singular papel que me ha dado” hay belleza, dignidad y rectitud, entendiendo que somos iguales el uno del otro.

Emmanuel Ulloa Bertrand

Dios no creó a la mujer de la cabeza del hombre, para que fuera superior a el, ni la creó de un hueso del pie para ser pisoteada por este, la saco de la costilla, cerca de su brazo para ser protegida, cerca de su corazón para ser amada

Matthew Henry (Puritano)

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.